Manual de Periodismo de Datos 1.0
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El colapso de la Eurozona

Estamos cubriendo el colapso de la Eurozona. Todos los aspectos. El dramatismo de los enfrentamientos entre gobiernos y la pérdida de los ahorros de toda la vida; la reacción de los líderes mundiales, las medidas de austeridad, y las protestas en contra de estas medidas. Todos los días en el Wall Street Journal hay cuadros sobre pérdidas de empleos, caída de PBI y hundimiento de los mercados mundiales. Es incremental. Y aturde.

Los editores de tapa convocan una reunión para debatir ideas sobre la cobertura de fin de año y en momentos en que me voy de la reunión, me pregunto: ¿Cómo será vivir esto?

¿Es esto como 2008 cuando me echaron y las malas noticias eran incesantes? Hablábamos de empleo y dinero todas las noche en la cena, casi sin pensar en cómo podía intranquilizar a mi hija. Y los fines de semana eran lo peor. Yo trataba de negar el temor que parecía dominarme permanentemente y la ansiedad que no me dejaba respirar. ¿Así vive una familia ahora mismo en Grecia? ¿En España?

Me volví y seguí a Mike Allen, el editor de tapa, a su oficina le propuse la idea de contar la crisis a través de familias en la Eurozona mirando primero los datos, encontrando perfiles demográficos para entender la composición familiar y luego sacando eso a luz junto con las imágenes y entrevistas, audio de las distintas generaciones. Usaríamos hermosos elementos de retrato, las voces … y los datos.

Cuando volví a mi escritorio escribí un resumen y dibujé un logo.

Figure 3. El colapso de la Eurozona: resumen (Wall Street Journal)

Durante las siguientes 3 semanas perseguí cifras: métricas sobre matrimonio, mortalidad, el tamaño de las familias y gasto en salud. Leí sobre condiciones de vida y tasas de divorcio, miré encuestas sobre bienestar y tasas de ahorro. Estudié estadísticas nacionales, llamé al bureau de población de la ONU, el FMI, Eurostat, y la OCDE hasta que encontré un economista que había pasado su carrera siguiendo familias. Me conectó con una estudiosa sobre composición familiar. Me indicó trabajos sobre mi tema.

Con mi editor, Sam Enriquez, redujimos el número de países. Reunimos un equipo para debatir el enfoque visual y qué periodistas producirían palabras, audio y la historia. Matt Craig, el editor fotográfico de tapa, se puso a trabajar para encontrar fotógrafos. Matt Murray, el subeditor ejecutivo para cobertura mundial, envió un memo a los jefes de sección pidiendo ayuda de los periodistas. (Esto fue crucial: la orden de la máxima jerarquía).

Pero primero los datos. Por la mañana yo exportaba datos a planillas de cálculo y hacía cuadros para ver tendencias: caída del ahorro, desaparición de pensiones, la vuelta de madres al trabajo, gasto en salud, junto con deuda pública y desempleo. Por la tarde analizaba esos datos agrupados, comparando los países para encontrar historias.

Lo hice durante una semana antes de enredarme en los yuyos y comenzar a dudar de mi misma. Quizás fuera un enfoque equivocado. Quizás no debía tratarse de países, sino de padres y madres, y niños y abuelos. Los datos aumentaron.

Y se redujeron. A veces pasaba horas reuniendo información que en definitiva no me decía nada. Había buscado un conjunto de cifras equivocado. En algunos casos los datos eran simplemente demasiado viejos.

Figure 4. Juzgar la utilidad de un conjunto de datos puede ser una tarea que lleve mucho tiempo Sarah Slobin)

Luego los datos volvieron a aumentar al advertir que aún tenía interrogantes y no entendía las familias.

Necesitaba verlo, moldearlo. Por lo que hice una serie rápida de gráficos en Illustrator y comencé a ordenarlos y editarlos.

Al emerger los cuadros, también apareció una imagen cohesionada de las familias.

Figure 5. Visualizaciones gráficas: encontrar sentido a tendencias y patrones escondidos en los conjuntos de datos (Sarah Slobin)
Figure 6. Las cifras son gente: el valor de los datos está en las historias individuales que representan (Wall Street Journal)

Lanzamos el proyecto. Llamé a cada periodista. Les mandé los cuadros, la idea general y una invitación abierta a encontrar historias que ellos consideraran significativas, que acercaran la crisis a nuestros lectores. Necesitábamos una familia pequeña en Ámsterdam y familias más grandes en España e Italia. Queríamos saber de múltiples generaciones para ver cómo la historia personal moldea las respuestas.

A partir de aquí, me levantaba temprano para ver mi correo electrónico teniendo en cuenta la brecha de horarios. Los periodistas respondieron con temas hermosos, síntesis y sorpresas que no había previsto.

En cuanto a fotografías, sabíamos que queríamos retratos de generaciones. La visión de Matt era lograr que sus fotógrafos siguieran a cada miembro de la familia a lo largo de un día en sus vidas. Escogió periodistas visuales que hubiesen cubierto el mundo, cubierto noticias e incluso guerras. Matt quería que cada sesión terminara en la cena. Sam sugirió que incluyéramos los menúes de las comidas.

A partir de allí era cuestión de esperar a ver qué historia contaban las fotos. Esperar a ver qué decían las familias. Diseñamos el aspecto del material interactivo. Robé una paleta de colores de una novela de Tintin y trabajamos la interacción. Y cuando reunimos todo en paneles, agregamos nuevamente algunos (no todos, algunos) de los cuadros originales. Lo suficiente para puntuar cada historia, lo suficiente para endurecer los temas. Los datos se convirtieron en una pausa en la historia, una manera de bajar un cambio.

Figure 7. La vida en la Eurozona (Wall Street Journal)

Al final, los datos eran la gente; eran las fotografías y las historias. Era lo que enmarcaba cada narración y provocaba la tensión entre países.

Para cuando publicamos el proyecto, justo antes de fin de año, mientras todos contemplábamos lo que había en el horizonte, ya conocía a todos los miembros de las familias por su nombre. Me sigo preguntando cómo estarán ahora. Y si esto no parece un proyecto de datos, no hay problema. Porque los momentos que quedaron documentados en la Vida en la zona del Euro, esas historias de sentarse a comer y hablar sobre el trabajo y la vida con su familia es algo que pudimos compartir con nuestros lectores. Entender los datos es lo que lo hizo posible.

Sarah Slobin, Wall Street Journal